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Cuentos en Nouakchott

08/07/2010 - blog
1_Mar de arena

Nouakchott es una ciudad rodeada de inmensidad: delante el horizonte azul del mar y detrás el infinito del desierto. Parece como si tras una tormenta de arena, la ciudad pueda desaparecer como un espejismo. Sus gentes, con sus elegantes bubús ondeando al viento, ilustran perfectamente las antiguas historias que se contaban alrededor del fuego. Quizás fue por eso que no nos costó trasladarnos al mundo de los cuentos el pasado 5 de julio, al caer la tarde, en la Embajada de España en Nouakchott. Bastó con una luz cálida y un público entregado, para que nos sintiéramos como en un campamento nómada, desgranando historias.
Un par de días antes me reuní con Yahja Rajel, le roi du desert, contador de historias mauritano, y preparamos la sesión. Como siempre, todo un placer compartir cuentos y experiencias con otro narrador.

Un nuevo reto, el de contar cuentos en dos idiomas a la vez. Hasta el momento en que te encuentras delante del público no sabes con qué te vas a encontrar. ¿Contar en castellano? ¿En francés? Difícil decidirse por una de las dos opciones. Finalmente opté por seguir las miradas del público, y los cuentos se fueron desgranando, ahora en castellano, ahora en francés, y el brillo de unos ojos o el gesto de un rostro me decía lo que debía hacer. Y las imágenes se fueron formando, y las historias desfilaron. “Mon conte est fini, et le premier qui respire ira au Paradis”. Y realmente parecía que la gente contenía la respiración. Cuentos del norte y del sur de España, canciones que todos conocemos de niños… También historias compartidas entre ambos países: puesto que el cuento del abuelo, el niño y el borrico, también se explica en Mauritania. No es de extrañar, pues los borricos pueblan las calles de la ciudad. Y el cuento gitano de la gallina negra, aunque una versión algo diferente. Un cuento de un pueblo nómada a otro. “Gracias por traernos algo tan nuestro”, fue una de las frases que más me emocionó al finalizar la sesión.

Fue una velada emocionante, y una delicia poder escuchar las historias de Yahja, narrador del desierto: historias de los animales del bosque, ese bosque que lamentablemente perderá la batalla al desierto si no le ponemos remedio entre todos, historias sobre la inteligencia de la liebre y la picardía de la hiena. Y el cuento típico mauritano de porqué el burro no se mueve cuando ve llegar un coche, que ya conocía de la tradición sudafricana, una prueba más de que las historias son algo compartido y ayudan a crear lazos a traves de los gestos y las palabras.
Para finalizar contamos mano a mano una batería de cuentos de Jouha, un personaje que compartimos ambos narradores, pues es conocido no sólo en toda África subsahariana, sino en el Mediterráneo e incluso en Polonia, camuflado bajo otros nombres, pero Jouha sigue siendo el mismo: el que sabe arrancar las carcajadas del público. Y así, riéndonos con las historias del mulá, acabamos la sesión y levantamos el campamento. Ojalá se cumplan los deseos expresados por Yahja y podamos repetir la experiencia.
“Mon conte es fini, que Dieu me garde vivant pour pouvoir vous raconter encore plus d’histoires”. Insha’Allah.

2 respuestas a “Cuentos en Nouakchott”

  1. Impressionant, Susana!
    Transmets la màgia que uneix els contes de totes les cultures.
    Són tan capritxosos els contes que van deixant pistes perquè els segueixis arreu del món, i tu, riallera, els segueixes la pista sense presses, sabent que mai els arribaràs a atrapar tots, i que els autèntics tresors no es troben al final de l'arc iris, sinó en cada parada del camí.
    El conte de l'avi, el nen i l'ase és el que apareix a El conde Lucanor, sobre la por al que diran?

  2. Susana dice:

    Gràcies Dani, per seguir tant bé els meus pensaments…
    Sí, el conte que comentes apareix a El conde Lucanor, i a Calila e Dimna, i també al Panchatantra indi, a les faules d'Isop… Fins aquí, on jo ho pogut seguir la pista.
    Va ser molt bonic, perquè en acabar d'explicar el conte els vaig dir "sempre que explico aquest conte, sigui on sigui, la gent em diu que és un conte d'allà". I llavors al públic em van respondre "És cert, aquí també l'expliquem" i tothom vam riure. I era com si tothom fossim de la mateixa família. Va ser genial.