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Cuentos tibetanos en Ciudad Real

04/01/2010 - blog

Empezar el año con un viaje es un buen comienzo.

Y empezarlo contando los cuentos del Cadáver Prodigioso es aún mejor, pues según dicen en el país del Techo del Mundo, estos cuentos son una bendición tanto para el que los escucha como para el que los cuenta.
Así de ilusionada me fui a Ciudad Real, para presentar en Jugarama 2009 una sesión de estos misteriosos cuentos tibetanos.
El recinto ferial era un local enorme, donde los chavales se lo pasaban en grande con las actividades más variopintas, desde talleres de pintura y manualidades hasta caballitos, castillos de goma o coches de choque. La feria proponía este año un viaje por distintas regiones del globo, y la sala bullía de niños armados de pasaporte, viajando de acá para allá. Y todo ello en una sala donde los sonidos y las luces se unían en alegre algarabía.
Difícil de imaginar en un entorno para la voz susurrante de los cuentos…
Pero no tan dificil. Gracias al buen hacer de Mª Ángeles, de la Asociación Cultural Guirigay Circo y Teatro de Calle, que lo tenía todo previsto, en el momento exacto, el sonido de fondo desapareció, las luces se apagaron, un foco iluminó el escenario y el técnico de sonido dejó que la música tibetana invadiera el lugar. Todos fueron ocupando su sitio, también yo, y tras una breve presentación, llegaron los cuentos…

Con esta sesión siempre siento una leve aprensión al empezar, pues entiendo que unos cuentos sobre un cadáver que hablan no son precisamente uno de los temas favoritos para muchos padres o educadores, y más de una vez puedo ver sus caras de sorpresa, o incluso de susto. Pero a medida que la magia de estos cuentos se va desplegando, mis temores se desvanecen, al igual que los suyos. Las facciones del público se van suavizando, y poco a poco, aquellos que lo desean, van entrando en el cuento. Los niños siempre son los primeros, deseosos de correr aventuras. Esta vez incluso decidieron sentarse delante de todo, para no perderse ni un detalle. Pero también los adultos se fueron sumando al viaje. Otros, más tímidos, pusieron un pie dentro, como comprobando la temperatura del agua, luego otro… Pero lo importante es que ahí cada uno puede llevarse a casa lo que quiere, pintando el cuento con sus propios colores.

A la mañana siguiente, paseando por la ciudad desierta, rebozada de neblina, me pareció encontrarme en una ciudad mágica, como de cuento… Y me puse a juguetear con su nombre: ciudad real, irreal… pensando si guardará algún significado oculto o, porqué no, algún cuento.

Gracias de nuevo a Mª Ángeles por su fabulosa acogida. Y a todo el público que acudió a compartir ese momento.

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