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De cuentos en México 2

31/05/2014 - blog
Ya en Mérida, la ciudad blanca, recordando estos días pasados en el festival Palabras al Viento, y es que los recuerdos son muchos, y se entremezclan y juegan, espero hacerles justicia y pido disculpas por los errores, omisiones o invenciones, pura deformación profesional.

Lunes 19 de mayo
Primer día de contadas en las escuelas. Nos encontramos en el lobby del hotel Aneta Cruz-Kaciak de Polonia, Yademira y Cristina (Lelumus), de Jalisco, y Antonio Alanis, de Tampico, quien nos acompaña cámara en ristre, y nos viene a buscar Antonio Lavin, un narrador todoterreno de Celaya que se encargará de llevarnos a la UTEC, abrir las funciones y ejercer de maestro de ceremonias.

La Universidad Tecnológica de Celaya es un centro educativo que abarca desde preescolar hasta estudios superiores, posee unas hermosas instalaciones y un auditorio climatizado: nos instalamos allí y organizamos el orden de las contadas. Es una oportunidad estupenda para poder escucharnos unos a otros y también trabajar en equipo, ver lo que sucede en cada momento, pues en nuestro trabajo con lo efímero cada contada se convierte en algo único y especial, irrepetible. Y así, la mañana fluye, con los cuentos. Los niños y los no tan niños son participativos y risueños. De esa mañana recuerdo especialmente a Aneta, nuestra narradora polaca de corazón mexicano, contando la historia de la calabaza rodante, un cuento compartido por numerosas tradiciones, gracias a la cual una avispada viejecita escapa de las garras de diferentes animales feroces del bosque. Los niños de preescolar disfrutaron de lo lindo con este cuento: cuando la abuelita caminaba por el bosque Aneta introdujo un ritmo que imitaba los pasos lentos de la señora, era un ritmo muy pegadizo y los niños se acercaban a ella caminando despacito, y cuando aparecía el lobo o el oso, ¡zas!, volvían a escape a sus asientos, muertos de la risa, disfrutando del juego, y es que los cuentos te ayudan a caminar por la vida disfrutando.

En las tres sesiones, LeLuMus (Cristina y Yademira, que forman el duo Lecturas Lúdicas Musicalizadas) remataron con sus estupendos versicuentos, y fue muy chistoso escuchar como después de interpretar “No me gusta bañarme”, un montón de niños, verdaderamente preocupados por la aversión de Yademira hacia el agua, le daban consejos del tipo “dígale a su mamá que le prepare el agua tibia”, “meta primero un piecedito, luego el otro…”, “cierre los ojos y verá qué rica está”. Antonio Lavín obsequió a los más grandes con una leyenda de espantos sobre la bomba de agua de Celaya, y al finalizar una de las contadas, cuando ya nos despedíamos, se oyó una voz que decía: “Falta un cuento, ¡el del hombre!” dijo una niña, señalando a Antonio Alanis, que nos había acompañado para sacar fotografías. Y es que a los niños no se les escapa nada… A partir de entonces presentamos a Antonio como un cuentero gráfico, que cuenta sus historias a través de la imagen. La sopa de piedra y Ma Beauté también encontraron su espacio, y cuatro dragones chinos surcaron los cielos del auditorio.

Después de disfrutar de un rico desayuno gentileza de la UTEC, volvimos al punto de encuentro del festival, el Café Llasra, un lugar muy acogedor en el que la directora del festival, Laura Casillas, organiza diferentes eventos culturales en torno a la palabra, y allí volvimos a disfrutar de las delicias preparadas por Laura Yáñez, nuestra chef oficial.
Aprovechando un ratito de la tarde fuimos a pasear al tianguis del lunes con Israel y Diana, y allí nos paró un

hombre diciendo: “Señorita, usted es cuentera, ¿verdad? Venga, le mostraré que ha salido en la edición del Sol del Bajío de hoy”. Y así es, el domingo nos entrevistaron a algunos de los narradores invitados y durante toda la semana irán apareciendo en el periódico. El hombre estaba al tanto del festival y nos pidió información sobre las funciones y las galas, prometiendo acudir.

Y ya Diana se fue a prepararse para la gala de la noche en el Tiro al pichón, un local la mar de coquetón donde se presentaban 6 narradores bajo el título “De chile, mole y pozole: cuentos de medio mundo”, con Rolando Liévanos, de Celaya, Diana Tapia, de Monterrey, Juanita Tegualda, de Chile, Mario Angeles de Hidalgo, Daniel Gallo de Quintana Roo y los brasileños Lili Flor y Paulo da Silva. Fue una gala muy variada: el estilo picarón y desenfadado de Diana, los cuentos populares con personajes llevados al extremo como la viejita que nos dibujó una vibrante Juanita, la complicidad de Daniel Gallo, que con media sonrisa ya nos tuvo a todos en vilo y nos hizo trabajar de lo lindo con su personaje de clown cuentero. Me conmovió especialmente la narración de Mario Angeles sobre sus vivencias de la infancia, retratando con especial ternura su universo ñañú. Y para acabar, Lili y Paulo, alias Pablito, con el cuento del bicho hombre, lanzaron la frase mágica fuefuefuefue-subióbarrósubióbarró-izquierdaderechaizquieraderecha, que ha acabado convirtiéndose en el mantra de los cuenteros reunidos en el festival.

Es una oportunidad extraordinaria poder ver tantas formas de contar y comunicar, y luego tener espacio y tiempo para hablar de ello. A la hora de la cena, se organiza el orden del día siguiente: “Siento hacerles madrugar, pero en esa escuela se cuenta en una cancha sin techado y es conveniente evitar que los niños se expongan mucho al sol”, nos dice Laura, siempre pensando en que todo el mundo esté cómodo y pueda disfrutar de los cuentos. Así que nos retiramos todo lo pronto posible, pues al día siguiente siguen los cuentos.

Y yo sigo con mi viaje por este hermoso país, caminito de Palenque, de la blancura de Mérida al verde que te quiero verde, ya les iré contando.

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