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Cambalache

05/11/2010 - blog


El próximo miércoles 10 no habrán cuentos en la tetería de Otman. Pero se debe a un caso excepcional. Y es que ese día todos los cuenteros de Barcelona queremos estar a las 20h en la Casa de América, para asistir la presentación del libro Palabra de cuentero, de Nicolás Buenaventura Vidal, un libro del que ya os he hablado antes aquí.

Hay quienes ya conocen mi fascinación por los oráculos. Este libro es, de algún modo, uno de ellos. Así que ayer le pregunté cómo quería que lo presentara hoy. Lo abrí al azar, y lo creáis o no, esto es lo que respondió:

“En Costa de Marfil nos invitaron al festival de Grand Akuzin. Antes de viajar, mi anfitriona, aquella mujer que no me convidó a comer akpani, me leyó los cauríes (esos caracoles dentados con los que allá se lee el porvenir). Me advirtió que debía tener mucho cuidado porque había una envidia amenazándome. Que desconfiara, alguien iba a sabotear mi intervención. Así pasó. Ese día todos los invitados, venidos de Suiza, País Vasco, Haití, Francia, Guadalupe contaban con un micrófono. Había un traductor oficial. Cuando me tocó el turno de contar, el micrófono no funcionó, fui el único al que le tocó desgañitarse, a grito pelao. Casi nadie oyó. Fue desastroso y me quedó un amargo sabor en la boca.

Por la noche se armó una fogata y una reunión de la aldea con los cuenteros locales, que no habían sido invitados a contar oficialmente en el festival. No había traducción ni ceremonia, y como tenía una espina atravesada, me acerqué. Escuché cuentos en la lengua de los akié, la etnia del lugar. En un momento vi un silencio por ahí rondando, descuidado, inocente. Me le trepé encima, le pedí a uno de los cuenteros que tradujera (sabía que hablaba francés) y conté un cuento del Pacífico colombiano. Cuando terminé, el tambor que habla, (formado por varios tambores), que había permanecido en silencio toda la tarde, comenzó a cantar. El cuentero que había traducido mi relato, me tradujo, con orgullo y admiración, lo que decía el tambor: Dice que has regresado y que has traído una palabra que habíamos prestado hace muchísimos años y te da las gracias.”
Nicolás Buenaventura Vidal, Palabra de cuentero.

Como véis, es una ocasión excepcional en el mejor de los sentidos. No os dejamos sin cuentos, así sin más. Se trata más bien de un cambalache, como cuando coleccionábamos cromos: os cambio una hora de cuentos por 24 relatos, 20 preguntas, 74 respuestas, 50 notas, 17 fotografías, 1 mapa, 1 receta de cocina, 7 notas al margen y 4 tigres.

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