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Cervantes cuenta

23/07/2020 - blog

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Estos días en el pueblo hemos vuelto atrás en el proceso de confinamiento por un discreto brote de covid-19 que nos ha situado en el mapa y, de propina, nos ha obligado a cancelar todas las actividades del Día del libro de verano, una especie de operación rescate para el gremio editorial, ya de por sí afectado por la crisis. La cancelación de actividades en torno a los libros me desanima no solo por el poco peso que tiene la cultura en la balanza comparado con el apelotonamiento en playas y bares, sino también porque después de disfrutar de unos días de libertad condicional, es como volver a ser prisionera en mi propia casa.

Sin embargo, la práctica adquirida durante estos meses ayuda a hacerlo más llevadero: no es lo mismo un confinamiento por sorpresa como el de marzo que un confinamiento experto.  Hay prisiones y prisiones, y aunque me hayan arrebatado uno de mis mayores placeres, que es el de deambular por las librerías, quedarme en casa al fresco con un montón de libros cuando aprieta el calor no me parece la peor alternativa. Se me antoja que las cadenas y grilletes mentales pueden ser mucho más duras, sobre todo si te impiden ver el abanico de posibilidades que sí está a tu alcance.

Esto me ha recordado un cuento perteneciente al espectáculo «Sabir, sabir», inspirado en la lingua franca o sabir. La historia la encontré camuflada en un entremés de Cervantes, y ya entonces me pareció un regalo, pues había llegado a odiar profundamente este cuento por escucharlo hasta el hartazgo años atrás, cuando un famoso escritor de autoayuda lo incluyó en uno de sus libros. Sin embargo, redescubrirlo en La gran sultana le devolvió a mis ojos la dignidad merecida, pues era evidente que la historia ya circulaba de boca en boca en el siglo XV. Quizá provenga de más atrás incluso, pero me gusta imaginar su nacimiento en alguna oscura mazmorra a orillas del Mediterráneo como las que debió conocer muy bien Cervantes, a quien por lo que parece, al igual que al protagonista del cuento, el cautiverio no le hizo perder su sentido del humor ni su gusto por la vida.

Así pues, ya que hoy no puedo celebrar el Día del Libro de verano según lo previsto como sucedió con el de primavera, se me ha ocurrido grabaros desde la frescura de mi calabozo el cuento del prisionero que rescató para nosotros siglos atrás uno de los grandes de la literatura. Y puesto que dicen que el día 23 de abril, además de Sant Jordi, se conmemora el día de la muerte de Cervantes y la de Shakespeare, como nunca he entendido esta extraña costumbre de conciliar muertes con efemérides, se me ocurre que nada nos impide inaugurar hoy una nueva tradición y establecer el 23 de julio como una celebración no de la muerte de Cervantes, sino de su vida. Y de la de Shakespeare, y de tantos otros (incluidos libreros y traductores, editores y correctores…), pues son las vidas que vivieron y que les llevaron a la escritura las que nos permiten cada día volar lejos y vivir otras vidas desde nuestro sillón.

¡Buenas tardes, buenas lecturas y buenos cuentos!

Escucha El prisionero en Soundcloud

 

Una respuesta a “Cervantes cuenta”

  1. Anna dice:

    Moltes gràcies Susana per explicar-nos aquests contes tan meravellosos i transportar-nos al llarg del temps i diferents móns.

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